Mi pelo afro

Hay días en los que no sé qué hacer con mi pelo. Me encuentro en una etapa en la que, después de haberlo sometido a todo tipo de tratamiento químico, decidí que lo quiero de vuelta en su forma natural, como hace tiempo que no lo tengo. Reconozco que no está siendo fácil el proceso, lo supe desde el principio, por eso decidí llevar a cabo la transición poco a poco.

Desde pequeña mis cabellos siempre constituyeron una lucha constante. Mi abuela era quien me peinaba, dejaba listo y alisado cada hebra de mi cuero cabelludo antes de ir a la escuela. Recuerdo que en el proceso, mi cabeza siempre se mecía en vaivenes ante los jalones producidos por la batalla del cepillo y el peine intentando desenredar mis rizos rebeldes.

Los resultados de ese ir y venir de jalones, solían devolverme varios tipos de peinados, de los cuales el que más odiaba era el de las cuatro trenzas a modo de motonetas duales. Nunca me gustó mucho porque me parecía que tenía un avión en la cabeza por el movimiento que producían en cada paso que daba. Tampoco me gustaba la apariencia infantil que me hacía lucir, atentaba contra la prematura madurez de la que solía vanagloriarme por aquellos años.

No obstante lo rebelde que siempre fue, mi pelo natural era largo y saludable, hasta que comencé a aplicar sobre él diversos tratamientos. El primero de ellos fue una indumentaria conocida como el “peine caliente”, el que me permitía mantenerlo alisado al menos por un corto tiempo; los efectos duraban hasta que el pelo volvía a entrar en contacto con el agua.

A medida que fui creciendo, también crecían mis deseos de alisarlo permanentemente por varias razones, una de ellas tiene que ver con la comodidad que implica mantenerlo peinado y alisado, y el otro motivo era mi necesidad de apegarme a los modelos cánones preestablecidos. Me gustaba como lucían las chicas de mi color de piel con sus pelos alisados, en ese entonces no me cuestionaba el por qué quería yo desprenderme de algo que formaba parte de mi esencia misma.

Cuando cumplí los 15 años me lo alisé bajo tratamiento de alisado de más larga duración, lo que me hizo depender de este, aproximadamente cada dos meses. Desde entonces he aplicado diversos tratamientos de alisado sobre cada uno de los nacientes rizos que identifican mi negritud.

Sumo el hecho de que en mi contexto de pertenencia es algo natural esta práctica de alisarse el pelo por parte de las mujeres de mi color. Los productos y servicios que se ofrecen no están pensados, en su mayoría, para pelo afro, aun cuando es grande la comunidad afro en Cuba.

Según datos estadísticos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), reportados en 2012, la composición racial está estructurada en 64,1% blanca, 9,3% negra y 26,6% mestiza. Aunque estas cifras apunten a un predominio de la población blanca, los expertos señalan que pudiera tratarse de estadísticas poco fiables, ya que provienen de valoraciones de los propios ciudadanos, quienes pueden no reconocerse como afrodescendientes, aun siéndolo.

“En Cuba, más del 30 % de la población tiene una ancestra de origen africano” (Marcheco, 2014).  

También se adolece de estadísticas sobre los consumos de productos para el pelo de la población afrodescendiente. Es en Estados Unidos donde más amplios datos existen. De acuerdo a un estudio desarrollado por Investigadores del Perception Institute (Instituto de la percepción) llamado “Test de asociaciones implícitas con respecto al cabello”, se pretendía medir si la gente sentía inconscientemente prejuicios contra el cabello de las mujeres.

Su desarrollo consistió en la exposición a un grupo de participantes de un conjunto imágenes de una mujer llevando varios peinados lisos o con textura (como trenzas, rastas o afro) y se les pidió que asociaran palabras positivas o negativas a cada una de ellas. También se pidió que puntuaran a las modelos de acuerdo a lo bella, profesional o sexy que parecían en cada una de las imagénes y que compartieran sus opiniones sobre la percepción social de las mismas.

El estudio arrojó entre sus resultados que la mayoría de los participantes, independientemente de su raza, mostraba prejuicios contra el cabello con textura de las mujeres negras. Casi la mitad (el 48%) de las afroestadounidenses afirmaba llevar el pelo liso. Además, una de cada cinco mujeres negras reconoció sentir presión social para alisar su pelo en el lugar de trabajo, lo que duplica las cifras de las mujeres blancas. No sólo en Estados Unidos, en muchos contextos se vive como una realidad la presión social de las mujeres negras por llevar el cabello alisado.

A día de hoy ansío volver a aquella etapa donde la rebeldía de cada hebra realzaban su naturalidad, donde no pesaba sobre mi cabello ningún tratamiento químico, más que el champú y el suavizador que me ayudaban a tenerlo limpio e hidratado. Después de pasar por mucho: tratamiento desrizador, extensiones, tintes de pelo; ahora busco recuperar su naturalidad en toda la expresión de la palabra.

Soy consciente de que en esta nueva etapa necesitaré superar la transición y sobreponerme al cambio que implicará. Lo que me ha hecho pensarlo ha sido precisamente el cambio de apariencia. Ello no ha hecho que me sienta menos comprometida con la causa de las mujeres negras. De tanto tiempo llevando el pelo alisado, me he acomodado a llevarlo así y ha perdido su fortaleza natural a base de tratamientos invasivos.

En mis aprendizajes como mujer afrodescendiente, esto no se ha contradicho con sentirme menos afrodescendiente por llevarlo de otro modo y dejo claro que tampoco critico a quienes deciden mantenerlo alisado.

Para mí era sólo una manera de lucirlo, pero ahora mi decisión sobre este aspecto es una cuestión de actitud. La transición pasará por la necesidad de empoderarme como mujer negra a través de cada elemento de mi cuerpo y el pelo es uno de ellos, define inevitablemente mi territorio de lucha como mujer negra.


3 respuestas a “Mi pelo afro

  1. Uy este tema tiene tela por donde cortar! La influencia de la moda y las nuevas tendencias siempre ha presionado mucho a las personas que desde tiempos remotos se han aumentado, disminuido, despigmentado, pigmentado, alisado, rizado ….. y la lista pudiera ser interminable. Ahora, por ejemplo, las chicas blancas de pelo liso quieren el cabello afro!!!! Mi madre siempre me decía…”nunca nadie está contento con lo que tiene” y yo creo que eso resume la inconformidad del ser humano en querer lo que la naturaleza no le ha dado. En fin…lo que quiero decir es que por lo que tú pasaste ha pasado mucha gente que siempre ha querido cambiar su apariencia por lo que se “usaba” ,dicho en cubano. Mucha suerte y ánimo 🥴.

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    1. Gracias por comentar Danita😊 y gracias por el ánimo. Tienes mucha razón cuando hablas de la presión social por seguir tendencias hegemónicas, es muy fuerte. Sin dudas, nos debemos a un cambio de mentalidad que pasará por tomar conciencia de nuestras esencias. No sólo el tema del pelo, hay otros muchos cánones preestablecidos que están siendo cuestionados y qué mejor que hacerlo desde dentro.

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