“La Sirenita, ¿negra? No es racismo, pero…”

Halle Bailey fue elegida para interpretar a Ariel en la próxima película live action de Disney, La Sirenita.

Cuando era pequeña, solía pasarme horas frente al televisor al regresar de la escuela. Era el momento en que comenzaba la programación infantil. Mi niñez gravitaba entre el mundo real y ese mundo de la ficción que me aproximaba a la pequeña pantalla y me hacía disfrutar de dibujos animados como Elpidio Valdés, Aventuras en la Isla del Coco, Chuncha o Fernanda, todos, seriales de producción autóctona cubana.

A mí me parecían maravillosos los muñes. No era yo precisamente una niña que viviera apegada al consumo de televisión, pero, ¿a qué niño no le gustan?

A la producción nacional acompañaría todo un paquete de películas animadas de producción extranjera; entre ellas, las producidas por Walt Disney guardan en mi recuerdo una nostalgia especial por la manera en que fui flechada por filmes como Blanca Nieves (1937), Cenicienta (1950), La Sirenita (1989), La Bella y la Bestia (1991), Aladdin (1992), etc.

No recuerdo el orden en que las terminé viendo, pero sí recuerdo sus tramas desde el principio como si las hubiera visto ayer. Hay muchas cosas que una no se cuestiona cuando es pequeña, y estos filmes terminan deleitándonos con un mensaje que casi se nos plantea incuestionable: ser princesa, conquistar el amor de un príncipe, aspirar a un modelo de belleza física. Todo esto se convierte, a grandes rasgos, en sus principales líneas discursivas. Sin embargo, nunca me pareció tan claro encontrar tan pocos referentes de mujeres negras como protagonistas.

«La imagen de inocencia y defensa de la moral que nos vende Disney dificulta un análisis crítico de productos como las películas Disney de dibujos animados. Sin embargo, analizando de forma crítica el contenido de esas historias podemos encontrar numerosos estereotipos que refuerzan valores sexistas, racistas y clasistas » (Digón, 2006, pp. 165-166).

Natural era para mí no encontrar nada, y digo natural porque yo no estaba buscando un referente de mi negritud en esas películas, ellas por si solas se posicionaron en mi mente como el referente al que toda niña debe aspirar. Esos estigmas tan complejos no se lo cuestionan las niñas tal cual, porque a tan temprana edad no se es consciente de los problemas asociados al hecho de pertenecer a determinado grupo social, pero es inevitable que sean elementos que causen ruidos en la percepción de lxs más pequeñxs de casa.

«People think that kids don’t catch subtle messages about race and gender in movies, but it’s quite the opposite» (Barnes, 2009). (Traducción: «La gente piensa que los niños no captan mensajes sutiles sobre raza y género en las películas, pero es todo lo contrario»)

¿Por qué casi todos los personajes de los dibujos animados son blancxs? Está bastante claro que no hay armonía interracial entre los caracteres de Disney. No creo sensato que alguien responda a esta pregunta aduciendo que porque siempre ha sido así y no tiene por qué ser diferente. Para quienes se detienen en este argumento, el patriarcado y el problema de la violencia de género dan respuestas más que suficientes como para no creer que lo que siempre ha existido está bien.

No se puede pasar por alto que tras las producciones del gigante mediático subyace la realidad de un gran poder económico y político que protege sin fisuras su posición mítica como abastecedor de inocencia y virtud moral norteamericana. No sólo proporciona las fantasías por medio de las cuales se produce, experimenta y afirma la inocencia de la infancia y la aventura, también produce prototipos para escuelas, familias, identidades y comunidades modelos y la manera en que debe comprenderse el futuro por medio de una construcción particular del pasado (Giroux, 1997, pp. 66-67).

El filme de La Sirenita (The Little Mermaid) se nos plantea reproductor de esas ideas y del hechizo que provoca la industria hacia el estereotipo del héroe, de la malvada villana, del amor romántico y de la vulnerable sirenita, también vista como la heroína, por el sacrificio que está dispuesta a hacer para alcanzar como objeto de deseo, el amor del príncipe. Esta clara evidencia de sexismo se puede percibir en varios pasajes del filme, uno de los ejemplos más claros se nos presenta cuando  Úrsula le decía a Ariel:

“Tienes tu belleza, tu linda cara. Y no debes subestimar la importancia que tiene el lenguaje corporal. Hablando mucho enfadas a los hombres. Se aburren y no dejas buen sabor, pues les causan más placer las chicas que tienen pudor. ¿No crees que estar callada es lo mejor?”

Ariel y Úrsula en La Sirenita.

La Sirenita no sería la única película que reforzaría los estereotipos de género. De una forma u otra, estos se repiten en todos los dibujos animados de Disney. En lo que concierne al tratamiento de la raza en estas producciones, son escasas de manera general.

El personaje de Jazmine en Aladdin fue un intento por dar visibilidad a una mayor diversidad racial: la primera princesa árabe fue alabada y criticada por este mismo motivo. Es válido señalar que la presencia de caracteres como este en la filmografía, también despertó críticas, pues la película magnifica los estereotipos populares asociados con la cultura árabe. Mientras algunos vieron un acto de buena fe, otros leyeron un intento de Disney de expandirse a otros mercados al introducir a una protagonista que, aunque nacida en el Medio Oriente, está fuertemente americanizada (Míguez, 2015, p. 49).

Jazmine en Aladdin.

Pero este no sería el primer intento por hacer colar la diversidad interracial. La representación de los afroamericanos en el trabajo de Disney ha sido motivo de gran polémica desde mucho antes. La canción del Sur (Song of the South, 1946) y El Libro de la selva (The Jungle Books, 1967) son dos ejemplos que han sido puestos en tela de juicio por la denigración que hacen de las personas negras. «Además, en los años 50 aparecieron en Frontierland representaciones racistas de los nativos norteamericanos como “pieles rojas” violentos» (Giroux, 1997, p. 72).

Otro intento por mostrar la heterogeneidad racial fue la aparición de Tiana en La princesa y el sapo: una princesa trabajadora que pretende ascender socialmente por sus propios medios y no a través del patrón seguido por muchos animados: el matrimonio. El final no termina de mostrar un empoderamiento real de la protagonista pero constituye una práctica que pone en cuestión la raza y rompe con el criterio normativo que asume a lxs protagonistas como personajes blancxs.

La princesa Tiana en La princesa y el sapo.

El propósito de utilizar diversos referentes es un elemento a favor de la educación de lxs más pequeñxs. Lo negativo radica en la historia de vender la idea de «la fantasía, el deseo y la inocencia en el aseguramiento de intereses ideológicos particulares, la legitimación de relaciones sociales específicas y la realización de una afirmación clara sobre el significado de la memoria pública » (íbidem, p. 78).

El valor educativo de esta industria es sumamente importante, por lo que debemos verla como un lugar donde confluyan paisajes culturales diversos y heterogéneos. La reciente designación de la joven actriz y cantante Halle Bailey para el personaje de Ariel en La Sirenita puede estar dirigida en este camino. No sabemos cómo se desarrollará el filme porque todavía no se ha estrenado, pero sin dudas constituye un esfuerzo por rescatar la raza frente a una industria que siempre ha respondido al criterio de la normatividad “blanca” y a cánones establecidos.

Halle Bailey tras la decisión de Disney expresó en su cuenta de Twitter: “sueño hecho realidad”.

Detengámonos a pensar en esto, puesto que la elección ha despertado olas de críticas en contra y en apoyo a la decisión de Disney de elegir a una mujer negra para encarnar este personaje en la próxima adaptación live-action del clásico animado. La selección de Bailey para protagonizar La Sirenita rompe con la normada blanquitud que ha caracterizado al personaje de Ariel.

Recordemos que La Sirenita se basa en el cuento original del escritor danés Christian Andersen, escrita en 1936. Fue adaptada originalmente como un ballet, pero a este se sumarían otras adaptaciones que incluirían un musical, una película animada japonesa de Toei Animation y la película animada de Walt Disney.

Muchas han sido las críticas que ha despertado la noticia. Merece la pena mostrar el caso de la red social Twitter, en donde se dio toda una explosión de mensajes que, posicionados bajo la etiqueta #notmyariel, arremetieron de manera negativa en contra de la designación de Halle como protagonista.


Traducción:
No es una película sobre sirenas … es sobre la película de Disney de 1989 basada en la historia “La Sirenita”, escrita por Hans Christian Andersen, donde la describe de piel blanca y de ojos azules. Ariel es de DINAMARCA … nórdica.
Traducción: Hablaré en nombre de los niños de los años 90. Las películas de Disney eran nuestras posesiones más preciadas. Memorizamos cada canción y conocíamos las películas de memoria. Ariel era una princesa en lo profundo de nuestros corazones. Fingimos ser ella cuando nadamos. Esto no es racista! Disney- Haz una nueva historia.

Estas personas parecen olvidar o desconocer que la adaptación de La Sirenita por Disney difiere en otros muchos argumentos del cuento original de Andersen.  En el cuento danés la sirenita no se queda con el príncipe; tampoco tiene nombre propio; la bruja es un personaje secundario y neutral y el príncipe está enamorado desde el principio de otra princesa ¿y esto ha levantado algún revuelo? La respuesta es no.

Traducción: No se trata de racismo, a la mierda … Se trata sólo de que la actriz elegida no se parece a la pequeña sirena que todos conocen y aman en sus mentes … No todo es odio y discriminación en este mundo queridos neomillenials …
Traducción: El racismo no tiene nada que ver con eso.

Tal como se encuentran insultados estos usuarios pareciera que se está cometiendo un pecado atroz contra el personaje de la sirenita como si se le estuviera amputando una característica esencial, cual si las sirenas fuesen originalmente mujeres, blancas, con cabello rojo y de origen danés.

La decisión de Disney ha dividido opiniones. Es importante destacar, cómo, desde las distintas posiciones a favor o en contra, se ha despertado la reflexión crítica en torno al problema social del racismo, el sexismo y la inclusión social en el cine; temas que, lejos de ser nuevos, rescatan la necesidad de poner el dedo sobre las patas de las que cojea la industria del cine.

Utilizar como argumentos los anteriores nos lleva a recordar cuántas películas han sido protagonizadas por actrices que no cumplen las características básicas del personaje que encarnan; pero las críticas sobre estas han pasado desapercibidas.

Podría llevarse a cabo un estudio comparativo bien detallado sobre cuánta polémica ha enraizado la selección de diversas actrices cuyo origen de procedencia no responden al contexto geográfico que describe la trama. Por citar algunos ejemplos tenemos a Emma Stone para interpretar el papel de una militar nativa de Hawai en el filme Aloha. O cuando Scarlett Johansson protagonizó la película Ghost in a Shell interpretando a un personaje asiático. O también se podría señalar a la actriz británica Naomi Scott, al encarnar el personaje de Jasmine en Aladdin.

De todos estos precedentes, ninguno ha sido tan viral como la elección de Halle para interpretar a La Sirenita. Quiérase o no, los comentarios racistas que enarbolan las críticas están injustificados e inevitablemente han incidido en la reflexión en torno a las prácticas de un racismo que intenta solaparse pero que está siendo muy real y evidente.

Toda esta masa crítica de opiniones en contra o a favor también ejerce, inevitablemente, grupos de presión sobre el papel que desempeñará la actriz. Todo el mundo está a la expectativa del estreno, algunxs para juzgar negativamente cualquier elemento de la actuación de Halle, la que de antemano se encuentra puesta en tela de juicio sin ningún objetivo claro, mas que la pretensión de censurarla al mínimo descontento.

Claro está que al final lo importante es lo que significará su protagonismo como mujer negra dentro del filme, pequeños pasos hacia la deconstrucción de los modelos preestablecidos y hacia la educación de todxs sobre la necesidad de entender que la diversidad de colores de piel debe ser respetada. Somos diversos por naturaleza, así también la producción que deviene de nuestros esfuerzos. Quiérase o no, imponer como modelo único, el de la princesa, blanca, proveniente de un país nórdico, desdibuja nuestra rica diversidad.

Sí, La Sirenita puede ser negra, y blanca y amarilla… Todos aquellos argumentos basados en que el color de la piel no tiene nada que ver con la oposición a la decisión de Disney, no son más que absurdas justificaciones que a toda voz gritan el evidente racismo al que aseguran no responder cuando dicen: “no soy racista, pero…”.

Referencias bibliográficas

Barnes, Brooks (2009, 29 de mayo). Her Prince Has Come. Critics, Too. The New York Times. Recuperado el 8 de julio de 2019 de http://www.nytimes.com/2009/05/31/fashion/31disney.html?pagewanted=all&_r=0l   

Digón, P. (2006) “El caduco mundo de Disney: propuesta de análisis crítico en la escuela”.  Comunicar no. 26. pp. 163-169.

Giroux, Henry, (1997), “¿Son las películas de Disney buenas para sus hijos?”, en Steinberg, Shirley R. y Kincheloe, Joe L. (Comps), Cultura infantil y multinacionales, Morata, Madrid, pp. 65-78.

Míguez, María (2015). De Blancanieves, Cenicienta y Aurora a Tiana, Rapunzel y Elsa: ¿qué imagen de la mujer transmite Disney? Revista Internacional de Comunicación y Desarrollo, 2, pp. 41-58.


4 respuestas a ““La Sirenita, ¿negra? No es racismo, pero…”

  1. Me encantó. Gracias por tu redacción. Si no es racismo… qué es? Más que “respetar al personaje”, debería ser más importante respetar a la artista.

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  2. Felicitaciones!!!… La Sirenita, será negra, blanca, verde, amarilla… Del color y origen que quiera ser en la mente y la diversidad de imaginación de cada ser humano.

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