“Me gritaron ¡Negra!”

Mercedes Argudin Pacheco (Foto: Andres Urzua)

No dejo de pensar la primera vez que escuché el poema de Victoria Santa Cruz. Cada palabra de su voz resuena en mis oídos cuando lo recuerdo y es como volver a escucharlo otra vez. Quizás me impactó más por la manera en la que llegué a él: sin recomendaciones,  sin referencias, sin pretenderlo. Es ante estos casos que agradezco siempre que la búsqueda en “San Google” devuelva resultados de todo tipo.  

Ahora lo escucho cada vez que quiero. Dejarme atrapar por estos versos de resistencia también condicionó que me diera a la búsqueda de saber: ¿quién es esa mujer de la que no recordaba haber escuchado hablar y que levantó mi más alto interés en cuestiones de segundos?  

Y entonces, conocí su historia. La versión resumida quizás podría dejarla anotada en breves líneas: Su nombre completo es Victoria Eugenia Santa Cruz Gamarra. Nació el 27 de octubre de 1922 en La Victoria, provincia de Lima y murió el 30 de agosto de 2014, en Lima. Fue compositora, coreógrafa, diseñadora e investigadora de las culturas de raíz africana, exponente del arte afroperuano.

Victoria Santa Cruz

Pero mi curiosidad fue más fuerte. Seguí bebiendo de la historia de una mujer cuyas raíces e identidad negra definieron todo lo que hizo. La fuerza de sus discursos de resistencia provenía de una vida marcada por experiencias que la hicieron tomar conciencia de que su negritud estaba socialmente marcada como un peso negativo. Ello lo declama en su poema “Me gritaron negra”, en donde, tomando su propio relato de vida como referente, narra cómo el color de la piel actúa a través de los cuerpos para vaciarlos e inferiorizarlos mediante la categoría “raza”.

«Yo era la única negra. Un día había una niña entre ellas, una de pelo rubio y de inmediato dijo: “Si la negrita quiere jugar con nosotras, yo me voy”. Y yo pensé, “¿Quién es ella?” Acababa de llegar y ya estaba dictando las leyes. Qué sorpresa me llevé cuando mis amigas me dijeron: “Te puede ir Victoria”. Dije yo: “¿Qué?” (…) Yo estaba pequeña y cuando vi que mis amigas me hacían a un lado, me fui. Pero nunca olvidé. Nunca olvidé la importancia del sufrimiento. El punto no es ser víctima. Me pregunté: “¿Quién sufre? ¿Y por qué?” Y otras emociones empezaron a emanar (…). Esa niña estimuló algo en mi sin saberlo. Y llegué a descubrir lo que significa ponerse de pie sin buscar a quien echarle la culpa, sufriendo pero descubriendo cosas. Empecé a descubrir la vida (…) Una puñalada es una caricia comparado con aquello que me pasó. Yo no sabía que era negra. Cuando digo no sabía que era negra no estoy hablando del color, sino de lo que eso implicaba».

Esta fue la antesala de lo que sería su vida, cargada de folklore, acción, entrega y reafirmación de su identidad como mujer negra. Su poema favorece un discurso de resistencia ante la discriminación racial y de enunciación de los orígenes africanos de sus antepasados mediante el ritmo y la coreografía, de lo cual ya tenía una carrera reconocida.

Victoria inició su trayectoria profesional por las Bellas Artes en 1958 con el grupo de danza y teatro Cumanana, junto a su hermano Nicomedes Santa Cruz, poeta y estudioso del folklore peruano.

En 1961, es becada por el gobierno francés para estudiar en la Universidad del Teatro de las Naciones. En 1968 fundó Teatro y Danzas Negras del Perú. El folklore era su vida. Fue una de las pocas mujeres, latinoamericanas y negras, catedrática en la Universidad Carnegie Mellon (Estados Unidos), de la que fue profesora vitalicia.

«Fui bailarina de Charleston desde que era pequeña y, poco a poco, empecé a descubrir el significado de la danza, la importancia de bailar lo africano. Los seres humanos no conocen su origen. ¿Cómo es posible que se critiquen y se desprecien tanto? Cuando te empiezas a descubrir a ti, entiendes qué es ser blanco, negro, indio, o rubio… Empezamos a entender la vida y cosas muy importantes».

Esto se refuerza en “Me gritaron negra”, lo que también ensalza su capacidad de conectar inmediatamente con su público. En todo momento su voz y el ritmo imponente de la melodía, llegan a envolver de una manera tan potente que cuando se escucha, es inevitable sentir la sensación de que una misma es la protagonista. Y es que Victoria se afirma continuamente en sus letras y las hace del todo suyas:

“Empiezo no a pensar en lo que digo sino a vivirlo. Y la gente se conecta. Hay una serie de cosas que la gente no sabe. Hay una vibración y eso entra ahí y hay un silencio”.

En el poema revoca el sentido humillante que exponen, los otrxs, de su negritud, para afirmarse en sí misma hasta sentir que sus palabras irradian orgullo de ser negra. Desafía a la cultura dominante y en ello reivindica la suya propia. Ella era una mujer que sabía bien quién era y por ello dedicó su vida a desafiar públicamente las opresiones que sufrían las comunidades marginadas por el color de la piel.

«Es terriblemente importante saber que no hay revolución sin evolución. Y en el presente yo sé quién soy. Sé quiénes somos y tenemos que hacer algo para ser libres y no tratar de hacer esta u otra cosa para mostrarles a los demás que soy superior. No debemos ser estúpidos».

Poema: “Me gritaron negra”

Tenía siete años apenas, apenas siete años,
¡Que siete años!
¡No llegaba a cinco siquiera!

De pronto unas voces en la calle
me gritaron ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!

“¿Soy acaso negra?”– me dije ¡SÍ! “¿Qué cosa es ser negra?” ¡Negra!
Y yo no sabía la triste verdad que aquello escondía ¡ Negra!
Y me sentí negra, ¡Negra!
Como ellos decían ¡Negra!
Y retrocedí ¡Negra!
Como ellos querían ¡Negra!
Y odié mis cabellos y mis labios gruesos y miré apenada mi carne tostada
Y retrocedí ¡Negra!
Y retrocedí…
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!

Y pasaba el tiempo,
y siempre amargada
Seguía llevando a mi espalda mi pesada carga

¡Y cómo pesaba! …
Me alacié el cabello,
me polveé la cara,
y entre mis cabellos siempre resonaba la misma palabra

¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Neeegra!
Hasta que un día que retrocedía, retrocedía y que iba a caer ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! ¿Y qué?

¿Y qué? ¡Negra! Sí ¡Negra!
Soy ¡Negra! Negra ¡Negra! Negra soy

¡Negra! Sí
¡Negra! Soy
¡Negra! Negra
¡Negra! Negra soy
De hoy en adelante no quiero laciar mi cabello

No quiero
Y voy a reírme de aquellos,
que por evitar – según ellos –
que por evitarnos algún sinsabor Llaman a los negros gente de color ¡Y de qué color! NEGRO
¡Y qué lindo suena! NEGRO
¡Y qué ritmo tiene!
NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
Al fin
Al fin comprendí AL FIN
Ya no retrocedo AL FIN
Y avanzo segura AL FIN
Avanzo y espero AL FIN
Y bendigo al cielo porque quiso Dios que negro azabache fuese mi color Y ya comprendí AL FIN
Ya tengo la llave
NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO NEGRO
¡Negra soy!

Referencia: Jones, M., Carrillo, M., CRUZ, V., & Martínez, A. (2011). UNA ENTREVISTA CON VICTORIA SANTA CRUZ. Callaloo,34 (2), 518-522. Recuperado de: http://www.jstor.org/stable/41243115.


2 respuestas a ““Me gritaron ¡Negra!”

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